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Los osados artistas del trapecio se han quebrado el cuello. Estamos en una época de prodigios, en la que los científicos, con la ayuda de los sumos sacerdotes del Pentágono, enseñan gratuitamente las técnicas de la destrucción mutua pero total. ¡Progreso! El que sea capaz, que lo convierta en una novela legible. Pero si eres de los que come carroña, no hagas una carniceria de la vida. Y no nos hables de literatura buena y "limpia" ¡no nos riñas! Deja que hablen los poetas.
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