jueves, 4 de junio de 2009

El Libro de Cena.

Era prácticamente de madrugada, las calles sondeaban esa paz que justifica a la ciudad en su escándalo, los turgentes pensamientos osados de la rutina aun se acaloraban, y ese viernes, solo buscaban en agitación libre un sitio para estallar.

El apartamento numero 87, de la calle Zamora, esquina con Arboledas, aun mantenía su luz prendida, era la manifestación de esperanza que abriga a las ansias cuando te mantienes en vela por alguien, en este caso, las luces esperaban pacientemente junto con alonso, esperando ver cruzar por esa puerta de madera astillada y hueca a Mariela.
El enamorado quien fumaba de vez en vez en la terraza, miraba hacia abajo y consultaba su reloj que marcaba tibiamente las 3:45 am, Mariela, parecía tan lejana su presencia, ni siquiera el viento anunciaba su aroma a Ron con almendra. ¿Aun no escapaba de las páginas?

Alonso empezaba a desesperar, golpeaba constantemente la duela con su zapato, los cigarrillos se consumían cada vez mas rápido; la mesa estaba lista, todo estaba listo, el vino tinto, Rioja reserva 97, un mantel bordado a mano en Venezuela y pan blanco de hechura fina. En la espera, constantemente llevaba su mano a su mentón, acariciaba su barbilla y se tallaba los ojos, Mariela realmente desea esta cena, se decía a sus adentros, mientras encajaba su pensar, mira hacia el lado derecho de la habitación, donde su mirada encontró el gran librero de Mariela, quien siempre procuro tener lecturas interesantes, Alonso dejo momentáneamente la espera y sus ansias, se concentro en un libro, hechizado por la belleza de su pasta, con las hojas amarillas y letras que parecían restos de pimienta sobre un mantel mostaza, era el libro de un anónimo, eran varios poemas; empezó a leer algunos cuantos, hojeo el libro como si se tratase de una mujer de prendas densas, y llego a donde tenia que llegar…pagina 456, el poema decía lo siguiente:

MUJER, no eres solo obra de Dios; los hombres te están
creando eternamente con la hermosura de sus corazones,
y sus ansias han vestido de gloria tu juventud.
Por ti labra el poeta su tela de oro imaginaria, el pintor regala a tu forma,
día tras día, nueva inmortalidad. Por adornarte, por vestirte, para hacerte mas preciosa,
el mar da sus perlas, la tierra su oro, su flor los jardines del estío.

Mujer, eres mitad mujer y mitad sueño.


Cerró el libro occisamente, y Alonso derramaba lágrimas, se enamoro de tal forma de aquella mujer, que la saco del poema para cenar con ella.

4 minutos antes para las 5 am, Mariela llego, agitada por la noche en un vestido dorado,y solo encontró, dos copas de vino quebradas por la pasión.




-ángel armenta lópez.

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