miércoles, 3 de junio de 2009

La mano izquierda de Dios.

Al principio nos identificábamos con practicas desenfrenadas de sexo y drogas, charlas amenas, por lo general con nuestros profesores (profesores en el sentido que nos ayudan a mejorar nuestras letras y conseguir libros y música poco distribuida en el país) fumando entre tabaco y marihuana, visitando lugares donde podía comprarse alcohol y fumar sin ninguna prohibición, por lo general son casas y sótanos del barrio donde estuviéramos, lugares como el centro histórico y el sur de la ciudad, Adrián y yo nos conocimos en alguna escuela y frecuentábamos este tipo de lugares que nos servían de alojo en el bajo mundo, podíamos tener excesos y placeres sin la necesidad de mirara a las cuatro direcciones cuidándonos de la perversa policía, escribíamos y escuchábamos música: blues y Jazz etc. era nuestro reino, nuestros arreglos eran furiosos y las letras nos golpeaban, nos sentíamos como ángeles iluminados y degollados, jalados por tigres de enormes quijadas.

Teníamos lecturas en común, éramos aun más jóvenes de apetito mundano, Adrián se encontraba en Cortazar y Baudelaire se desgajaba por pedazos inimaginables, yo dependía de las narrativas de Papini, y mataba en la peste de Artaud; la acides nos fue llevando a un campo de creación mas real, comprometida con la humanidad, con la soñante muerte y los amores recopilados en destrucción, nos queríamos convertir en poetas de inagotable idilio y excelsa fe en el amor orgánico.

Nacimos bajo la sal, fuimos madurando entre putas y cabrones, bibliotecas y cantinas, igual leíamos como bebíamos y desaparecíamos en reuniones alocadas con demás personas, por lo general, ambientes de “artistas” pintores, actores, fotógrafos y escritores de biblioteca amando a Fellini y Borges, sin ningún tipo de entendimiento, era patético el modo en que hablaban de escritores, cineastas y musicos; parloteaban en forma para pescar un par de nalgas firmes y gustosas por el arte, el tipo de mujer perfecta para aquellos monigotes intelectuales se encontraban en esas fiestas. Mas todo era diferente en nuestras visitas, preferíamos bailar, charlar, beber y coger si era posible, mas no había ningún tipo de estrategia seductora, solo nos comportábamos tal cual, con etiquetas impuestas por los conservadores como de inmorales y obscenos, mas era nuestro estilo, de manifestar el absurdo humano, nuestra sed de destruir los símbolos desgastados por el mito, unos eternos iconoclastas.

Yo seguía escribiendo de forma independiente, textos que apenas daba a leer a maestros, en especial a Ricardo quien me ha llevado por buenos caminos (me ha llegado a recomendar con algunos editores y aunque ebrio me clasifica como el peor de los poetas, siempre me ha proporcionado todo, y hasta me ha mencionado como su hijo, al recordarlo me revuelco en risas, el ñato de los infrarrealistas, ya varios caminos entre alcohol y charlas);
gente muy cercana, lo cual me llevo a mis primeras presentaciones en los medios, a radio, fui acompañado de quien, aquel tiempo era mi mujer, la que me mato y dio vida de nuevo, fue una experiencia linda, me preguntaban cosas de doctorado, casi no entendía su lenguaje y ahora no soporto escuchar la grabación de aquella entrevista. Decidí dar un segundo paso, seria en un camino lleno de fuego, aullidos desgarradores, imposibilidad de volver atrás, seria la puerta que daría al patio trasero de un sueño oxidado y naciente en cada suspiro, en cada letra.



Después se nos unió Balam, buen músico el gallo, parece sacado de alguna cantina blusera en los 60´s, hemos ido a embriagarnos con mezcal y cigarrillos, la charla con el se vuelve satírica, nos burlamos de los demás escritores pomposos, llenos de prejuicios académicos y su radicalismo burgués, nos hinchamos a carcajadas de sus lecturas y sus argumentos, es común mientras hacemos bromas de parecer a ellos, nos hiere de cierta forma. Siempre.

Así hemos ido formándonos… la pequeña Helix, con su tono de poeta desgarrada flotando, cuando escribe algo que catapulta al mundo, me interesa más y más destruir algo bello, como cualquier pieza pictórica de Caravaggio, seria un ángel degollado por mi propio filo letristico.

Somos los aliados a las fiebres de la nostalgia, del suceso ardiente de la poesía, del movimiento rustico y esquizofrénico, nos gusta permitir la entrada de estos furiosos cometas que hacen caer al cielo, y nos reservan granos de sal, para seguir con esta sed de destrucción, de pasión y natura, de psique y alma, hacen el amor desceradamente, empezamos la guerra por un tiempo donde cada uno define su papel dentro de este pensamiento que galopa en hombros de la seductora muerte, y me siento a la orilla del mundo esperando ser aplastado por la mano derecha de Dios. El treceavo amante de Cristo.







-ángel armenta lópez.

1 comentario:

  1. No hay nada mejor que ser original. Inténtalo, está excelente tener influencias, lo malo es cuando éstas influyen demasiado y las ideas ya no son tuyas sino de alguien más.

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